Bartleby-Creditos






5.6.04

Soy un hombre meticuloso y ordenado, con espíritu de entomólogo. En la Oficina*, mi escritorio destacaba de otros por la pulcritud con la que alineaba en él lo necesario para mi tarea. Nada más llegar, antes incluso de sentarme, empleaba unos minutos en reconstruir el orden original. Una vez todo en su sitio, conjurada la leve ansiedad que me producía el desplazamiento accidental de grapadoras y lapiceros o la errónea orientación del teléfono, me entregaba a mi cometido: diseccionaba expedientes, archivaba facturas, etiquetaba documentos y emitía informes detallados para mis superiores. Con el tiempo llegué a entender que el desorden que me desasosegaba cada mañana encubría mensajes: los que me dejaba una anónima señora de la limpieza durante la madrugada. Mantuvimos una relación muy afectuosa mediante este sistema. No llegué a conocerla en los quince años que acudí a la Oficina sin faltar un solo día antes de que ocurriera lo de S. Yo ya estaba casado.

*Del uso de diacríticos y metalenguajes (nota para estudiosos): he escrito Oficina con mayúscula a pesar de ser un nombre común porque mi intención es dar a ese espacio una entidad metafísica. Se trata, pues, de algo similar a lo que hace Kafka cuando escribe "Castillo" también con mayúscula. Siempre me ha gustado facilitar el trabajo de quienes redactan tesis doctorales.






3.6.04

Ya he vuelto. La verdad es que no sé por qué insisten tanto en que me tome las pastillas. Bueno, a lo que iba. Desde lo de S. (desde lo mío, tendría que decir, pero es que yo siempre he medido todo con respecto a S.), me encuentro un poco perplejo. Yo creo, a mi entender, que ya no rigen para mi las leyes, ni tampoco el sentido del decoro tradicional. Lo digo porque estoy mejor descalzo y sin calcetines, pero me da un poco de reparo. Ahora tengo mucho tiempo libre: esta semana me voy a enamorar de Jean Seberg, que lo tenia pendiente. Ya veremos qué ocurre.
Por cierto, el otro día, como me aburría de mirar, leí un libro, aquí sentado en el banco. Se titula Las memorias del tío Jess, y cuenta cosas de cine. También habla de Chet Baker. Es un trompetista. Va bien para la melancolía poscoital. O eso he creído entender. Dice Jesús Franco:
"Yo le conocí en París. Tocaba en el club Saint Germain, el mejor de la ciudad. Un sábado le dieron su banqueta a un cliente y él se fue a un club mucho más modesto, dos calles más arriba, y les preguntó si podía tocar allí. El patrón le hizo una reverencia, pero le advirtió que no podría pagarle lo mismo que los otros. Chet respondió que no le importaba el dinero, sino la seguridad de tener siempre una banqueta alta. Y allí se quedó. Cuando yo podía iba a escucharle. Una vez en el descanso me pidió, en un inglés que hasta yo podía entender: ¿Can I seat here? señalando el asiento vacío frente al mío. Yo le dije que sí. Se sentó con una copa en la mano. Bebió y pareció escuchar algo que sonaba en el tocadiscos. No dijo nada ni yo tampoco. Así paso un cuarto de hora largo. Luego se bebió su copa y se volvió a la tarima, diciendo: «Back to work»."
Creo que yo me hubiera entendido bien con él. ¿A ti te gusta, Almu?






19.5.04

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